Es muy difícil reinventarse. Y la principal razón de esa dificultad es que la mayoría de nosotras no nos hemos inventado nunca. Salvo contadas excepciones, lo normal es que nos hayan inventado otros, con más o menos acierto y con más o menos cariño.

Y entiendo que gran parte de lo que somos hoy en día responde a que hemos sido diseñadas gracias a la invención de nuestros padres, a la invención del Estado a través del sistema educativo o a la invención de los mercados.

Por eso a mí no me termina de convencer el término de reinvención profesional cuando no te has inventado al menos una vez en la vida, desde dentro y con tus propios patrones.  

Y es que en muchas formaciones y foros de reinvención profesional se habla de crear un trabajo a medida, pero ¿cuál es esa medida? Porque en general tengo la sensación de que otra vez nos estamos dejando llevar por unos modelos diseñados de forma estándar que no siempre son válidos para todas.

Y en muchos casos corremos el riesgo de que más que reinventarnos profesionalmente nos convirtamos en la réplica barata de la invención de otra persona. Porque tú simplemente te dejes llevar y sigas pautas, guías, pasos, métodos y formaciones.

Y todo eso está genial y además es recomendable, pero si de verdad quieres reinventarte profesionalmente, considero vital hacer un trabajo previo que consiste en inventarse, así que si quieres probar esta idea no vas a tener más remedio que desmontarte en piezas para crearte de nuevo, y te aseguro que no es tan fácil como montar un mueble de Ikea

Pero entonces ¿por dónde empezamos? Pues por el final. La casa por el tejado. Como te lo cuento. Y no, no me he vuelto loca. Cuando me refiero a empezar por el final me refiero a que tu invención tiene que estar mínimamente trazada en tu cabeza antes de ponerte manos a la obra. Tendrás que visualizar el resultado de esa invención profesional.

Shhh, tranquilidad. Puede que ahora estés pensando que te estoy pidiendo que cierres los ojos y te imagines con fuerza en tu trabajo ideal. Pero no. Entre otras cosas porque lo normal es que cuando una se plantea inventarse profesionalmente no tenga ni pajolera idea de cuál es el trabajo de sus sueños.

Así que no te aconsejo cerrar los ojos e imaginar, sino abrirlos mucho y empezar a indagar cuál es el trabajo que te permitiría vivir una vida a tu medida.

Pero aquí es donde la pescadilla vuelve a morderse la cola y te sitúa en la casilla de salida ¿y qué vida quieres? Aunque esta pregunta da para hablar largo y tendido, en este artículo solo quiero darte unas cuantas pinceladas para animarte a pensar sobre tu invención profesional partiendo de lo que tú intuyas que es tu vida soñada.

Y para ello te voy a poner un ejemplo alegórico que se me ocurrió hace ya un tiempo para entender y dividir en fases mi propio proceso de invención profesional.

Tanto escuchar hablar de un trabajo “a medida” me dio la pista de lo que ello significa realmente para mí, y que no es otra cosa que un trabajo diseñado, elegido, probado y encajado a la perfección. Un trabajo de mi talla.

Fue entonces cuando pensé que el proceso tiene mucho que ver con un atelier. Esos talleres de confección a medida donde todo está elaborado al detalle para que la prenda final te siente como un guante. Piensa, por ejemplo, en un vestido de novia o de fiesta.

Normalmente, antes de acudir a un atelier, buscas ideas o inspiración de vestidos o estilos que, a simple vista, te podrían encajar. Y eso es justo lo que yo hice cuando estaba pensando qué quería hacer con mi vida profesional. Busqué inspiración sobre cómo es la vida de otra gente que –también a simple vista- me parecía que podía encajar con mi estilo.

Así, a través de mis círculos y redes sociales fui indagando a qué se dedicaban, cuánto ganaban, cómo obtenían esos ingresos, cuántas horas trabajaban, dónde vivían, cuánto viajaban, si tenían hijos o no, etc.

Y, como bien sabrás, no es oro todo lo que reluce. Por eso creo que es tan reveladora la inspiración y la investigación antes de lanzarnos de lleno a por el vestido estupendo que le hemos visto puesto a fulanita, porque puede que a ti te apriete o te sobre por todos lados.

Por ello, simplemente con la observación, decidirás si prefieres una vida de pueblo o de ciudad, sola o rodeada de gente, estática o nómada, de lujo o austera.

Y, a partir de ahí, empezará el diseño de tu profesión a medida,  en el que elegirás los elementos que consideres ineludibles o prescindirás de aquello a lo que puedas renunciar. Sería el equivalente a elegir las telas en un atelier.

Muchas veces creemos que seremos felices, por ejemplo, viajando y trabajando al mismo tiempo. Yo confieso que lo pensé en algún momento, porque me encanta viajar, pero me bastó rascar un poco en la vida de los que viven “traviajando” para darme cuenta de que ese estilo de vida no está hecho para mí,  y que no concibo vivir pegada a un ordenador saltando de wifi en wifi alrededor del mundo.

Por tanto, una vez tengas claro qué tipo de vida te gustaría llevar, el diseño del trabajo tendrá que perseguir ese objetivo.

Seamos realistas. Si quieres vivir a todo trapo está claro que no puedes escoger un trabajo cuyos ingresos no estén garantizados.

En tal caso lo mismo tienes que pelear por un trabajo por cuenta ajena que esté bien remunerado. La otra opción es trabajar duro en un emprendimiento: tener una idea súper novedosa que, con formación, esfuerzo y una buena dosis de suerte, te permita vivir la vida de lujo que muchos prometen y muy pocos alcanzan.

Teniendo claro esto, el siguiente paso sería tomarte las medidas. Ya tienes claro la vida a la que te gustaría aspirar y tus imprescindibles. Vamos, que tienes clarísimo que quieres un vestido con cola, con la espalda al aire y escote de pico. Pero ahora toca ver si eso es lo que le sienta bien a tu cuerpo serrano, ¿o no te gustaría resaltar lo que más te favorezca?

Por eso toca conocerse y medirse. Y esta es la fase más importante, porque se trata de tantear nuestras fortalezas y debilidades, nuestros talentos y habilidades, nuestra capacidad y todo aquello que determinará que el trabajo ideal no nos apriete ni nos quede grande.

Y una vez que hemos trabajado esta parte de autoconocimiento, comenzarán las pruebas. Y puede que en esas pruebas haya algunas cosas que no encajen. Pero si no te expones, nunca lo sabrás. Toda la vida soñando con un vestido de cola larga hasta que te lo pruebas y te das cuenta de que es un coñazo para bailar.

Pero tranquila, que para eso está esta fase. Para experimentar, ponerte a prueba, ensayo y error, un giro, otra vuelta…recuerda que el vestido solo está hilvanado y nada es definitivo.

Poco a poco te irás sintiendo más cómoda con el diseño de tu trabajo a medida y, una vez encajado, te ocuparás de los detalles. Tratarás de ajustar tus tareas para no volverte loca, perderás menos tiempo en cosas superfluas, medirás tus resultados y utilizarás tu creatividad para elegir ese bordado que le dé el toque especial.

Con el paso del tiempo, es probable que el vestido ya no te guste, que no te quepa, que te sobre o que se haya pasado de moda. Entonces puedes pensar en descartarlo definitivamente y hacerte uno nuevo o hacerle un apaño que te haga lucirlo de nuevo una vez remodelado.

Y esa sí será tu reinvención, cuando ya hayas pasado por el proceso de diseño, elección, pruebas, ajustes y detalles finales de tu trabajo a medida.

Y, mientras tanto, no desesperes. Ahí fuera hay un montón de vestidos Prêt-àporter con los que te puedes ver divina sin necesidad de que estén hechos a medida, así que te animo simplemente a buscar tu talla hasta que sea el momento de vestirte de ti misma de la cabeza a los pies 😉

Un abrazo,

Laura Abril